Ubicación: Urales, región de
Ekaterinburg, Rusia.
Fecha: Siglo XVIII.
Dos hombres que trabajaban extrayendo
malaquita y otros minerales decidieron tomarse un breve descanso en las
cercanías de la pradera. Se recostaron sobre el pasto para dormir un rato.
De repente, uno de los hombres llamado
Stepan Petrovich despertó abruptamente al sentir un empujón en su costado. Al
abrir los ojos pudo ver a una extraña “mujer” sentada sobre una gran roca que
se encontraba adelante. Su apariencia superficial era la de una jovencita
atractiva con cabellos negros trenzados, tenía varias cuentas verdes y rojas incrustadas
en sus trenzas. No era muy alta y se movía a una gran velocidad, como
“mercurio” cambiando de posición numerosas veces.
Petrovich la escuchó hablar con alguien
que aparentemente era invisible en un lenguaje totalmente desconocido que jamás
había oído antes, evidentemente se mofaba y hablaba sobre él.
La manera en que vestía esta joven
sorprendió al minero, tenía puesto algo que parecía un vestido de seda pero
hecho de malaquita. El hombre se comenzó a asustar ya que había oído hablar
sobre historias de encuentros con una extraña entidad femenina en esa misma
área. Era llamada “La Señora de la Montaña del Cobre”. También sabía de las
tretas que esta entidad era capaz de jugarle a los humanos, por lo que pensó en
escapar… pero al intentarlo ella se dio vuelta y sonrió diciendo: “¿Por qué
estás mirando mi belleza Stepan Petrovich? La gente paga dinero solo para
verme, acércate, hablemos un poco”. De alguna manera la extraña conocía el
nombre de su testigo. Paralizado por el miedo, Stepan le respondió que no tenía
tiempo para conversar, pero ella insistió y el hombre se vio forzado a
obedecer.
La extraña le ordenó que se acercase
más, allí fue cuando Stepan pudo advertir que alrededor de ella había cientos
de “lagartos” de diferentes colores, verdes, azulados, marrones, con manchas
doradas, etc. “¡No los pises!” –le grito a Stepan– “ellos son mi ejército”.
“Mira lo grande y pesado que tu eres, ellos son pequeños”. Entonces la joven
aplaudió y los lagartos desaparecieron.
Con el camino despejado, Stepan se
acercó a ella y luego se detuvo, pero la extraña mujer nuevamente con un
aplauso hizo aparecer a los lagartos y de una manera humillante le dijo: “Ahora
no tienes lugar a donde ir, si pisas a algunos de mis sirvientes, ¡te meterás
en problemas!” El minero pudo ver como cientos de lagartos se reunían a su
alrededor.
La fémina luego dijo: “Ahora me has
reconocido Stepan. No tengas miedo, no te haré daño”. Pero Stepan le manifestó
que de hecho ya estaba muy asustado.
La extraña mujer le dio instrucciones
precisas a Stepan para que al otro día cuando estuviera dentro de la mina le
dijera a sus jefes las siguientes palabras: “La Dueña y Señora de la Montaña
del Cobre te ordena a tí, cabrón apestoso, que abandones la mina de la Montaña
Roja de una vez. Si continúas destruyendo mi techo de hierro, arrojaré todo el
cobre en las profundas entrañas de la tierra y nunca más será hallado!” Ella le
hizo repetir al minero la orden una y otra vez diciéndole que no tenga miedo.
Acto seguido, la fémina le ordenó a
Stepan que se fuera y que no dijera nada a sus compañeros sobre lo que había
sucedido. Dio otro aplauso y los lagartos desaparecieron de nuevo. Ella hizo lo
propio saltando sobre la roca en la que estaba y yéndose también.
Para este entonces, el estupefacto
minero se dio cuenta que la apariencia superficial de la extraña había
cambiado, pudo ver que ella tenía piernas verdes y una cola con una cresta
negra que se extendía por toda su espalda, pero su cabeza aún permanecía
humana. Esta criatura escaló sobre la montaña y gritó: “¡No te olvides de lo
que te dije Stepan, si sigues mis instrucciones, me casaré contigo!” Stepan,
disgustado por la propuesta, le respondió que él nunca se casaría con un
lagarto y escupió en dirección a ella. La fémina se rió y y dijo: “Nos
encontraremos de nuevo, quizás entonces hayas tomado una decisión”. Luego
desapareció saltando detrás de las rocas.
Stepan, muy confundido, se preguntaba
qué hacer, ya que le temía tanto a la mujer reptil como a su jefe. Finalmente
se decidió por hacer lo que le habían ordenado. Durante la mañana del otro día
se aproximó a su jefe en las minas y le dio el mensaje. El enfurecido capataz
acusó al minero de estar ebrio o loco. Pero Stepan permaneció firme sosteniendo
que había sido la voluntad de la Señora de la Montaña del Cobre. El jefe hizo
que los demás mineros ataran a Stepan con una cadena y lo golpearan sin piedad,
para luego humillarlo al encerrarlo en lo más profundo de las minas.
Cuando lo dejaron solo comenzó a golpear
la roca, provocando que la malaquita se derrumbe. De pronto, se puso árido a su
alrededor y en medio de una brillante luz pudo ver a la mujer lagarto parada
ante él, ella le dijo: “Buen hombre, Stepan Petrovich. Me has honrado, no le
temiste a tu jefe”. La mujer luego motivó a Stepan para que la siga, que ella
siempre mantenía su palabra, le iba a mostrar su dote. Aplaudiendo hizo que
aparecieran un montón de lagartos que rápidamente removieron las cadenas de
Stepan.
De esta manera, invitó a Stepan a que
visitara su reino. Fueron profundo dentro de la montaña. Ella caminaba por delante
mientras el minero la seguía de cerca. Stepan observó como penetraban más
profundo dentro de las rocas, las cuales parecían retirarse abriéndoles camino.
Posteriormente vio túneles enormes, cavernas y grandes habitaciones
subterráneas cuyos muros estaban decorados con flores de cobre. Los alrededores
lucían sorprendentes para Stepan. El vestido de la mujer comenzó a cambiar de
color, resplandeciendo como un diamante, y luego brillando en un tono verdoso.
Pronto entraron a una descomunal habitación con camas, sillas y bancos hechos
de cobre. Las paredes eran de malaquita con diamantes incrustados, y el techo
era de un color rojo oscuro con flores de cobre.
Una vez allí, la “Reina Lagarto” le
pidió a Stepan que se sentara, le preguntó si le gustaba su dote y si se quería
casar con ella. El minero se puso reacio porque ya tenía una novia de nombre
Anastacia. Entonces le respondió que el dote era digno de la realeza mientras
que él era solo un simple trabajador sin mucho que ofrecer. Algo molesta ella
insistió: “No lo dudes, ¿te casarías conmigo sí o no?” Stepan le dijo que no
podía debido al hecho que tenía novia. Al decir esto temió que la mujer se
enojara. Pero increíblemente la “Reina Lagarto” le agradeció y apreció su
sinceridad dándole al minero un presente para su novia, una caja de malaquita
llena con toda clase de alhajas.
Stepan preguntó cómo iba a hacer para
regresar. Ella le dijo que no se preocupara, que todo se arreglaría, y agregó
que él se liberaría de la opresión de su jefe y viviría una vida próspera junto
con su novia. Después de alimentar a su huésped con varios tipos de comidas, la
“Reina Lagarto” se despidió de Stepan regalándole varias piedras preciosas, no
sin antes aclararle que las mismas lo harían un hombre rico. Stepan siguió el
túnel en el cual pudo observar muchos “tesoros”. A medida que caminaba el túnel
se cerraba automáticamente detrás de sus pasos.
A poco tiempo de esta aventura, Stepan
se volvió un hombre rico y afortunado, por lo que la gente comenzó a rumorear
que “le había vendido el alma al Diablo”. Los trabajos en la mina pronto se
detuvieron y todo ocurrió tal y como la “Reina Lagarto” lo había predicho. Pero
no todo fue bueno, la salud de Stepan se deterioró y comenzó a “desaparecer”.
Varios años después su cuerpo fue hallado sin vida cerca de las minas
abandonadas de la Montaña Roja, se dice que tenía una sonrisa en su rostro y un
rifle yacía a su lado. Los locales reportaron haber visto a una criatura
reptiloide verde llorando sobre el cadáver del minero.
Extraído del libro de Pavel Bazhov
(1879-1950) “El ataúd de malaquita: cuentos de los Urales” (1939), el cual hace
una recopilación de casos sobre la vida
de buscadores de malaquita y obreros en fábricas de los Urales durante los
siglos XVIII y XIX. Traducido al castellano por Cristian Juri. NOTA: La
historia en particular transcripta en este artículo es basado en hechos reales. De hecho, hay similitudes con
encuentros y reportes modernos sobre instalaciones subterráneas.
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